Sigue llamando la atención cómo mientras unos intentan ayudar en la crisis humanitaria de un país devastado por la guerra e invasión de dos décadas, otros obstaculizan las vías y las posibilidades.
En agosto pasado fue noticia el hecho de que EE.UU. congelara cerca de 9.500 millones de dólares en activos que pertenecen al banco central afgano y detuviera los envíos de efectivo a la nación, al tiempo que intentó evitar que el Gobierno liderado por los talibanes tuviera acceso al dinero, en parte motivado a las sanciones impuestas a éstos.
Desde el país centroasiático lo tildaron como una “violencia económica” y hasta salieron a las calles para protestar este accionar desde la Casa Blanca, y más en medio del panorama complejo que afrontan, tras la retirada de Estados Unidos luego de 20 años de invasión militar.